La revolución de Rojava en peligro, la lucha por una vida libre continúa

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Declaración de internacionalistas estadounidenses, chinas y rusas

Con el respaldo del Gobierno turco y la bendición de los Gobiernos de Estados Unidos y Europa, el ejército sirio está rodeando las comunidades autónomas de Rojava con el objetivo de integrarlas por la fuerza en el Estado sirio. Las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) en Rojava han firmado un tratado de paz en el que aceptan la integración, pero el resultado aún está por verse.

A finales de 2024, las fuerzas insurgentes entraron en Damasco y derrocaron el régimen de Bashar al-Assad. Su líder, Ahmed al-Sharaa, conocido por el nombre de guerra Abu Mohammad al-Julani, se convirtió en presidente de Siria. Durante el año siguiente, el nuevo Gobierno sirio se propuso ganarse el favor de las potencias imperiales de todo el mundo, incluido el régimen de Donald Trump, con el fin de consolidar su poder sobre el país.

El 6 de enero de 2026, el gobierno de transición sirio lanzó una ofensiva en coordinación con fuerzas paramilitares yihadistas contra el barrio kurdo de Sheikh Maqsood, en la ciudad de Alepo. Las SDF se retiraron el 10 de enero junto con un gran número de refugiados desplazados.

Tres días después, el Gobierno sirio atacó Rojava en su conjunto. El 18 de enero, el presidente sirio Ahmed al-Sharaa anunció un acuerdo de alto el fuego con las SDF, pero los combates se reanudaron inmediatamente. Rojava se enfrentó a la amenaza de una guerra de exterminio a gran escala, incluida la posibilidad de que el ejército turco invadiera una vez más. El 20 de enero, las SDF aceptaron un alto el fuego que estipulaba que la región quedaría subordinada al Gobierno sirio de Damasco y que las SDF se integrarían en el ejército sirio. Ayer se prorrogó este alto el fuego, pero, por ahora, algunas partes de Rojava siguen sitiadas.

Aunque los defensores del Estado afirman que es necesario un gobierno fuerte y centralizado para evitar el «caos» y la violencia étnica, podemos ver que en Siria ocurre lo contrario: quienes pretenden centralizar el poder estatal en sus manos están utilizando la violencia étnica como medio para lograrlo. No es la primera vez en la historia que el intento de unificar un país bajo un gobierno centralizado coincide con una campaña de limpieza étnica.

A continuación, presentamos una declaración de anarquistas estadounidenses, chinos y rusos que han luchado para defender Rojava sobre lo que estos últimos acontecimientos significan para el futuro. Para obtener más información sobre los antecedentes de este conflicto, puede comenzar aquí. Puedes seguir las actualizaciones de los anarquistas en Rojava aquí.

Un mapa de la región el 26 de enero de 2026, tras la pausa en las hostilidades.


En 2012, cuando el régimen de Bashar al-Assad comenzó a perder el control del país al inicio de la revolución siria, los grupos kurdos que se habían estado organizando en la clandestinidad durante décadas aprovecharon la oportunidad para llenar el vacío de poder, ampliando sus estructuras autónomas para defender a su pueblo. En los años siguientes, la revolución de Rojava se convirtió en una fuerza multiétnica formada por comunidades árabes, kurdas, sirias, asirias, armenias, yazidíes y turcomanas, entre otras. En batalla tras batalla, la fuerza combinada de estas comunidades dentro de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) liberó una gran franja de territorio del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) y otras facciones fundamentalistas, lo que trajo consigo una relativa seguridad, estabilidad y autonomía bajo los principios del confederalismo democrático propuesto por el movimiento de liberación kurdo y su líder encarcelado Abdullah Öcalan.

La administración autónoma de Rojava demostró que existe una alternativa al dominio de las dinastías autocráticas y las teocracias brutales en Oriente Medio. Sin embargo, la revolución tiene muchos enemigos, entre los que destaca el Estado turco colonialista bajo el liderazgo del neo-otomano Recep Tayyip Erdoğan. Para socavar la autodeterminación kurda, el Estado turco lleva mucho tiempo patrocinando a grupos fundamentalistas en Siria, dando cobijo a Hayat Tahrir al-Sham (HTS), afiliado a Al Qaeda, cultivando una fuerza títere en el Ejército Nacional Sirio (SNA) y facilitando el flujo de dinero, personal y armas al Estado Islámico (ISIS).

Sin embargo, Turquía no es la única fuerza geopolítica que ha tratado de establecer su hegemonía en el noreste de Siria. Francia colonizó Siria a principios del siglo XX; el Reino Unido desempeñó un papel fundamental en la división del pueblo del Kurdistán en cuatro naciones. Más tarde, a partir de la década de 1990, el Gobierno de los Estados Unidos de América libró una generación de guerras en el vecino Irak, lo que desestabilizó drásticamente toda la región y contribuyó al auge de grupos fundamentalistas suníes como Al Qaeda. El Estado ruso apoyó al régimen de Assad militar, económica y políticamente; Vladimir Putin fue el principal garante de su existencia frente al levantamiento popular que se convirtió en la revolución siria. Junto con sus homólogos en Washington D. C., Putin está estableciendo ahora vínculos militares y económicos con el nuevo régimen sirio, ayudándole a consolidar su control del poder. La familia de Donald Trump tiene amplios vínculos comerciales con Qatar, y los intereses estratégicos de su administración coinciden en gran medida con los del eje geopolítico suní global en el que participan el Gobierno turco y los Estados del Golfo, especialmente en lo que respecta a Irán.

En muchos sentidos, los movimientos fundamentalistas como Al Qaeda y el ISIS son consecuencia de la inestabilidad que diversas potencias extranjeras han infligido a toda la región. A pesar de su retórica sobre la «guerra contra el terrorismo», estos imperios han traído la guerra, el terror y un enorme sufrimiento a esta tierra.

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Atrapado en la lucha por el dominio de la región entre las potencias rivales de Estados Unidos, Rusia, Turquía, Israel e Irán, el proyecto revolucionario autónomo de Rojava nunca tuvo futuro en los planes de ningún imperio o Estado-nación.

En 2018 y 2019, el ejército turco y su representante sirio, el SNA, ocuparon los territorios de Afrin y Serekaniye, purgando inmediatamente a la población kurda autóctona de estas zonas. Tras el rápido colapso del régimen de Assad en 2024, el Gobierno de Transición Sirio (STG), liderado por HTS, busca ahora imponer la bandera del nacionalismo y el sectarismo árabe suní en todos los territorios de Siria. El nuevo ejército sirio ha avanzado con brutalidad, con el objetivo de destruir los logros más importantes de la revolución de Rojava: la liberación de las mujeres y la coexistencia relativamente pacífica y el autogobierno de todos los grupos étnicos. Hay cientos de vídeos y fotografías que registran los crímenes cometidos por los soldados del gobierno de transición durante su avance en 2025 y 2026. En enero de 2026, muchos se grabaron a sí mismos mutilando los cuerpos de las mujeres combatientes y cortándoles las trenzas como trofeos.

La mayoría de las tierras que la revolución liberó del ISIS están ahora de nuevo en manos de fascistas teocráticos: Manbij, Tabqa, Raqqa, Deir ez-Zor, Shaddadi. Como internacionalistas, participamos en la liberación de gran parte de este territorio, luchando codo con codo con nuestros amigos y amigas árabes y kurdos. Muchos de nuestros compañeros y compañeras sacrificaron sus vidas por la revolución en estos lugares. Es doloroso ver cómo se deshacen estos logros.

Los gobiernos occidentales han dado luz verde a Damasco para someter a Rojava a la amenaza de una guerra de exterminio. Son tan responsables de la situación como Turquía y el STG. Sí, la coalición militar occidental desempeñó un papel en la lucha contra el ISIS; su apoyo fue fundamental en la defensa de Kobani en 2014 y la liberación de Raqqa en 2017. Eso solo hace que su traición a las SDF sea más instructiva: están dispuestos a utilizar al pueblo kurdo como carne de cañón, pero prefieren ver una limpieza étnica en Rojava antes que un experimento multiétnico e igualitario que escape al control de los Estados-nación.

Los jefes de estos gobiernos se apresuraron a estrechar la mano de Abu Mohammad al-Julani después de que la llegada del HTS a Damasco lo llevara al poder. Al mismo tiempo que estos gobiernos declaran que esperan con interés trabajar con el nuevo gobierno sirio para combatir al ISIS, los partidarios y simpatizantes del ISIS se encuentran en las filas del STG, mostrando su banderas.

Las promesas de Al-Julani de proteger a los grupos minoritarios han resultado ser falsas. En primer lugar, las fuerzas de Al-Julani se dirigieron al oeste para masacrar a los alauitas. Luego, se dirigieron al sur para diezmar a los drusos. A continuación, con la bendición de los gobiernos de Turquía, Estados Unidos, Francia e Israel, avanzaron hacia el este para atacar a los kurdos y a la diversa gama de otras comunidades que se atreven a defender el proyecto compartido de una sociedad multiétnica y multirreligiosa.

Para evitar que el Gobierno sirio fabricara la narrativa de que el pueblo kurdo estaba ocupando tierras árabes y haciendo la guerra al pueblo árabe, las SDF se retiraron a las zonas de mayoría kurda, donde lograron detener el avance de las fuerzas gubernamentales. Gracias a una feroz resistencia, consiguieron bloquear el plan original de aniquilar físicamente Rojava, lo que obligó a Damasco a volver a la mesa de negociaciones. Pero el actual alto el fuego es frágil, los pasos para integrar Rojava en el Estado sirio son vagos y queda por ver hasta qué punto el Gobierno sirio cumplirá sus promesas.

El ejército sirio aún no ha levantado el asedio de Kobane. Cientos de miles de personas desplazadas siguen sin poder regresar a sus hogares.

Como internacionalistas, condenamos a los gobiernos estadounidense, ruso y europeo. Esta traición es solo la última de una larga lista de crímenes contra la humanidad. Para nosotros está claro que todos los Estados-nación operan sin ética ni moralidad. La maquinaria del Estado no tiene humanidad y las personas que dirigen este sistema también han perdido la suya. La extracción de petróleo y recursos, las rutas comerciales, las esferas de influencia y la hegemonía política y militar son el lenguaje y los principios del imperio. Según la lógica imperial, esta última traición al pueblo kurdo por parte del gobierno estadounidense constituye un mero cambio de política, independientemente de la cantidad de sangre que derrame.

Mientras las fuerzas enemigas sitian Kobanê y vuelven a poner sus miras en Heseke, Til Temir y Qamişlo, seguimos comprometidas con la defensa de la revolución. Solo el tiempo dirá si el actual alto el fuego se mantendrá. Cada vez que las SDF han rechazado las condiciones inaceptables que Damasco pretende imponer, las fuerzas del STG aprovechan la oportunidad para desatar una campaña de terror contra la población mientras culpan a las SDF. Sin embargo, una mayor representación simbólica kurda y otras comunidades en el Gobierno y la sociedad sirios no resolverá nada. Mientras el islam fundamentalista, la violencia sectaria y la política de centralización impulsen el régimen de Al-Julani, no habrá una paz duradera en Siria.

Esta crisis ha puesto de relieve los principales objetivos del movimiento en Rojava: defender a las personas que viven aquí, resolver los conflictos por medios políticos en lugar de militares y permitir que las personas se organicen como consideren oportuno. Todos estos valores siguen intactos, a pesar de que las SDF y la administración autónoma de Rojava se han visto obligadas a aceptar un tratado de paz en condiciones desfavorables.

En respuesta al acuerdo, algunas personas fuera de Rojava están describiendo la revolución como derrotada, mientras que, al mismo tiempo, algunas de nosotras seguimos en posiciones defensivas alrededor de Rojava con rifles en las manos, todavía preparados para impedir el avance del enemigo. Las revoluciones no son derrotadas por decisiones impuestas desde arriba, sino que están determinadas por lo que la gente común decide hacer, incluso en las condiciones más adversas. Pase lo que pase, seguiremos luchando por esta revolución, codo con codo con ella y desde dentro de ella. Se trata de un revés, pero no es el final de la historia.

Mientras seamos capaces de organizarnos con la gente que nos rodea, de ofrecer espacio a los compañeros internacionalistas, de promover la educación y la formación colectivas, de avanzar en la causa de una sociedad autogestionada que coexista en la diversidad y ejerza la libertad de las mujeres, seguiremos haciendo todas estas cosas. El acuerdo con Damasco puede obligarnos a llevar a cabo estas actividades de forma diferente, pero no nos detendrá. No será fácil poner fin a lo que ha comenzado aquí.

Hacemos un llamamiento a todas las personas anarquistas, socialistas, antifascistas e internacionalistas para que sigan comprometidos con la defensa de la revolución de Rojava y las comunidades que forman parte de ella, independientemente de lo que ocurra en las negociaciones entre los responsables de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) y el Gobierno sirio.

La preservación del poder y la autonomía de los pueblos en tierras lejanas comienza en tu propio frente interno, especialmente en los países que son actores poderosos en la política internacional. Hemos aprendido con humildad de la revolución en Rojava: de sus formas de organización, de su espíritu revolucionario, de la disposición de los participantes al sacrificio y de su valentía frente a enemigos poderosos. Entendemos que nuestras armas y nuestros cuerpos por sí solos no pueden competir con las máquinas de guerra del imperio y los Estados-nación modernos. Para contrarrestar a un enemigo así se necesitará una guerra popular revolucionaria global.

Sin cambios fundamentales en el orden internacional, Rojava y todas las revoluciones sociales y movimientos de liberación estarán siempre a merced de las grandes potencias. Estas se aprovecharán de nuestros experimentos cuando les convenga y luego nos abandonarán y aplastarán cuando ya no les sirvamos. La única forma de neutralizar esta amenaza es participar en la cooperación y la organización internacionalistas, uniendo nuestras luchas a nivel mundial. Hoy en día, la defensa de Rojava es un frente y un punto focal de esos esfuerzos.

Para ofrecer apoyo práctico de forma inmediata, puedes hacer donaciones a proyectos como Heyva Sor, Riseup4Rojava y Tekoşîna Anarşîst, y dar a conocer la difícil situación de Rojava a través de las redes sociales, comunicados de prensa, distribución de fanzines y libros, y proyección de películas.

Como estrategia organizativa a largo plazo, podemos conectar la lucha kurda con otros frentes que libran luchas paralelas. En Estados Unidos, la violencia racista que está perpetrando el ICE para promover la cleptocracia de Trump refleja la estrategia de al-Julani, que ha otorgado cargos gubernamentales y militares a los yihadistas que están cometiendo masacres con el fin de integrar por la fuerza a las comunidades minoritarias en una «Siria unificada». Además de difundir información y narrativas, también debemos conectar las necesidades concretas de las personas con ideas políticas sobre cómo podemos satisfacerlas juntas, creando redes y grupos de apoyo mutuo que puedan conectar a personas de diversos orígenes. Por último, aunque la política electoral nunca funcionará como vehículo para un cambio fundamental, en algunos lugares puede ser posible presionar a los políticos para que no sean cómplices de permitir que se produzca una limpieza étnica en Rojava o en otros lugares.

Escribimos como internacionalistas anarquistas procedentes de los tres imperios más poderosos de nuestro tiempo: Estados Unidos, Rusia y China. En un Planeta que se precipita hacia la catástrofe ecológica y una tercera guerra mundial, buscamos trascender las líneas divisorias geopolíticas y las dicotomías políticas represivas para luchar codo con codo contra nuestros opresores. Si queremos crear un nuevo sistema global basado en la autonomía, la justicia y la pluralidad social, es necesario desmantelar el actual sistema de Estados-nación, explotación económica y patriarcado. Se nos habla de guerras entre imperios, pero allá donde miramos solo vemos guerras de todo tipo y forma contra el pueblo. Por lo tanto, la destrucción de los imperios debe venir desde dentro, desde el pueblo, a través de nuestra propia iniciativa autoorganizada.

Con saludos revolucionarios y respeto.

El pueblo de Rojava celebró el Newroz.


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Traducción: A Planeta